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El valor real de una lección aprendida

El valor real de una lección aprendida

La línea entre el fracaso y el aprendizaje es muy, muy fina. A veces depende exclusivamente de quién lo valore.

Si es alguien que desprecia los beneficios de equivocarse, no tendrá piedad: pensará que el haber fracasado es una losa eterna, y pondrá una etiqueta sin fecha de caducidad.

Si por el contrario se trata de una persona que valora un aprendizaje, que ha fracasado antes o que entiende de qué va el mundo actual, donde si algo no es nuevo no tiene sentido, sabrá sacar todo el provecho a ese tropezón.

Ojo, aquí no hablo de cosas como la perseverancia, ni quiero dejar frases motivadoras ‘instagrammeras’ sobre levantarse cuando te caes y otros tópicos aspiracionales.

Mi objetivo es mostrar una manera coherente de valorar qué te llevas de un error, un fracaso. Y sobre todo qué hay que hacer para que esos fallos tengan un valor real, y te sirvan en el futuro.

Es decir, también dejamos a un lado las lecciones de un curso de formación. En el caso de mi sector, ya he dejado claro lo que opino sobre cómo aprenderlo.

Fijándonos exclusivamente en el aprendizaje tras un fracaso importante, como cerrar una empresa, creo que hay algunos requisitos imprescindibles para que la lección pueda tener su valor real, y que todos esos errores sean constructivos, y no se queden en nada.

Cómo conseguir que un aprendizaje sea valioso

1. Entiende que te has equivocado. Esto incluye eliminar todas las excusas posibles sobre el mayor número de errores que puedas asignarte. Sé generoso en tu fracaso. Nada de reproches, ni llantos, ni enfados. Solo una enumeración completa y real de todas las cosas que no te han salido bien en el camino.

2. Descubre el porqué. De nuevo, nada de excusas. Escribe al lado de cada fallo una explicación sincera sobre los motivos que han provocado el mal resultado. Esta es la base para conseguir que tu lección aprendida se convierta en algo constructivo.

3. Imagina soluciones. Si volvieras a estar en la situación, ¿Cómo actuarías diferente? Es decir, qué opción era la correcta. Puede que te vuelvas a encontrar en un dilema parecido, y seguro que no querrás volver a fallar.

4. Establece previsiones. ¿Qué puedes hacer ahora mismo para adelantarte a la misma situación? Es decir, cómo puedes conseguir estar preparado para no fallar. Todo lo que dejes previsto con antelación aumentará tus opciones de acierto.

5. Empieza de nuevo. De nada servirá equiparte con todo lo anterior si no vuelves a salir a la arena. Haz que las lecciones aprendidas de impulsen a la reconstrucción de lo que no has terminado. Sino, sí que serán inservibles, no tendrán ningún valor. Sal y mejora lo anterior.

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