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Cómo tomar decisiones difíciles

Cómo tomar decisiones difíciles

Todos hemos tenido que elegir un camino alguna vez en nuestra vida. Cualquiera ha debido decidir algo y le ha costado mucho, porque consideraba que era importante.

Pero ¿Qué hay detrás de estos dilemas? ¿Por qué sufrimos tanto a la hora de tomar un rumbo concreto, sea cual sea el ámbito? No importa si se trata de elegir pareja, ciudad o trabajo. Los consideramos complicados y ‘difíciles de elegir’.

Sobre esto habla la charla TED de Ruth Chang, una filósofa que me ya tiene entregado para siempre. En primer lugar, porque se trata de una persona que, “de profesión”, se encarga de estudiar ‘las decisiones difíciles’ y cómo las afrontamos. Que como campo de trabajo, no está nada mal.

Pero además consigue que en 15 minutos nos quitemos el polvo de los ojos para ver con claridad las situaciones en las que valoramos las ventajas y desventajas de cualquier elección complicada. Ya estoy deseando tener que decidir algo para acordarme de ella.

Esto es lo que yo saco de la charla:

Elecciones difíciles VS decisiones importantes

La primera idea que me ha llamado la atención: creemos que todas las elecciones son difíciles porque son importantes. Se supone que son complicadas porque las opciones que tenemos tienen igual ‘valor’; es decir, que dependiendo de con qué las comparemos, cada una gana en algún aspecto.

Si me fijo en el dinero que ganaré, una elección será mejor; si me fijo en las horas de descanso, otra.
Pues bien, a la hora de elegir, por ejemplo, la camisa que te pones hoy, también puedes tener dos opciones igual de equilibradas, sería difícil decantarse por una. Sin embargo, no es una decisión importante.

¿Cómo tomamos (o deberíamos tomar) nuestras decisiones?

Tal y como solemos plantearlo (y aquí viene el momento más TOP de la charla), las alternativas las medimos por diferentes métricas de valor. Una opción es mejor, peor o igual que otra. Sin embargo, establecer un sistema de medición así, como si fuera el peso o la altura de las decisiones, no tiene sentido en este tipo de situaciones.

Por eso, finalmente incluimos valores propios. Razones que nos creamos nosotros mismos para hacer que una de las opciones tenga más peso que las otras. Ahí está el truco: cuando ya hemos valorado todas los elementos que nos vienen de fuera –el dinero que ganaré, el tiempo libre, la cercanía de casa- y no conseguimos elegir, nos sacamos nuestros propios motivos, con los que razonamos la decisión.

El peligro viene cuando esos elementos que deben salir de nosotros no lo hacen.

¿Qué te ha parecido la charla? ¡Déjame tu opinión!

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